Ann Bryant

Al terminar el invierno, los osos que habitan en las cercanías del Lago Tahoe, en la frontera entre Nevada y California, EE.UU., despiertan hambrientos y muchas de sus fuentes de alimentos aún se encuentran bajo nieve. Guiados por su olfato, buscan comida en vecindarios cercanos y zonas turísticas. Hurgan en cestos de basura y entran a casas y restaurantes cuyas puertas o ventanas han quedado abiertas. A menudo, estos animales son sacrificados por las autoridades locales o por los mismos propietarios que se sienten amenazados con su presencia. Sigue leyendo